Niña de ojos negros. ¿Porqué lloras? ¿Quién te robo el aliento? ¿Quién te robó las lágrimas? Es que a caso no te das cuenta que eres como una estrofa. Es que nadie se acuerda que mientras corrías por el campo (sin amigas y con el pecho todavía llano) encontraste un libro. Ese libro. Te percatas que solo tenías 9 años y ya te sentiste poeta. ¿Tú? ja, ja, ja. POETA. En minúscula, poeta. Antonio Machado leíste entre las páginas de ese libro abandonado mientras ya no corrías y las amigas estaban un poco más lejos. Machado, ¡qué ingenua! No sabías aún ni lo que era Granada. Y te imaginaste cosas, como sería ese Machado, como sería la chica que había perdido el libro. Que había abandonado el libro. Lo abriste, sabiendo que ya sabía leer. Y los números de los poemas y las aliteraciones y las metáforas se cruzaron ante tus ojos sin tú conocer nada. Poema de amor. Poema del sur. Y tú del norte, y nada. Hasta que encontraste la palabra vereda. Vereda seguro que era algo verde, seguro.

Cuál pintora te sentaste en la roca y empezaste a indagar con las palabras, las rimas y un poco también las nubes. Agárrate el pecho donde el pezón empieza a ponerse duro. Niña, tú, niña. Le cantas al poema, porque aún no sabes que la poesía se recita y tú quieres narrar música. Tatara, tatara. Medio boba y enamorada andas y como si fueras bailarina las palabras de Machado se hacen canción, las haces canción. Y sin querer las letras escritas por este poeta muerto te agujerean los ojos y el corazón, y te imaginas mayor en esa vereda blanca y en ese campo verde. Pero no hay nadie que te lleve, porque aún eres niña, niña. Y Machado está muerto.
Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.

Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!…
Vive, esperanza ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!

Antonio Machado (1875-1839)

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