Hay extrañas conexiones en la vida. El color de pelo, el tipo de comida que te gusta. Hay unos viajeros y otros sedentarios. A algunos les gusta el color amarillo, a otros el marrón. El número de hermanos y si fuiste el primero, segundo (mala suerte) o el último, el mimado. Si te gusta el incienso, o no, si te gusta hacer el amor con música y velas, o no. Unos coleccionan calcetines y otros tienen solo un par o dos.
Conexiones de hoguera donde unos prefieren fumar, otros cocinar carne y algunos (algunos pocos) contar historias. O/Y cantar.
Cuando le vi por primera vez sentí amor, amor fuerte. Abría puertas y abrió su gran boca con tantos dientes. Come in, nice to meet you. Fue amor por los ojos (aunque poca gente lo sepa) él ahora ya lo sabe un poco. Amor y delirio en una tarde fría de invierno donde hablamos del tiempo y fumamos mucho tabaco aunque lo que queríamos era fumarnos el aliento y la saliva y la lengua. Escribimos español y hablamos de Slumbers y de los Beatles y de cosas que una no entendía por tu acento raro.
Ese día decidí no separarme de ti, ni de tu pelo negro.
Entendí que tú eres de velas y de música, sobre todo de música y que tus ojos lo ven todo precioso. Tus ojos son dos objetivos que disparan fotos sin parar, chas, chas.

Me preguntas cómo se escribe el subjuntivo de colgar y aprendes adjetivos de idiomas latinos. Tú, el chico guapo y alto cuyas carcajadas son como papel blanco. Tus pecas un mapa del tesoro y tus ojos almendras negras.

Me encanta cuando vuelas. Nuestra conexión? Los dos estornudamos dos veces seguidas, y aunque esperamos el tercer estornudo, él, caprichoso, nunca llega.

 

 

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