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Las locuras de ser una Laowai, Mujer china.

Yo crecí en un pequeño pueblo catalán, siempre me consideré una persona social, ni mucho ni poco, pero bien. Tengo dos hermanos y una de las mejores cosas que me pasó es conocer a Lu Ping.

Llegué a China con la convicción de que todo iba a ser fácil, bonito y muy parecido a lo que estaba acostumbrada en mi vida de Barcelona. Pensaba que seguramente me iba a costar el hecho de que soy vegetariana y sé que mi pareja ama comer carne como nadie. En ese momento hablaba muy poco chino y pensé que eso también podría ser un problema, pero ya, pocas cosas más. Quizá el kongqì 空气( polución) no me gustaría demasiado, pero yo iba a integrarme súper bien, todo iba a ir sobre ruedas, iba a vivir en China e iba a ser feliz, súper feliz.

Por mi sorpresa, no ha sido así y no es que no sea feliz aquí, pero mi choque cultural ha llegado por otras partes que no esperaba y de ellas te voy a hablar ahora:

  1. En China nadie usa mi nombre

En China no soy Júlia, tengo muchos nombres menos el de Júlia y esto se debe a distintas razones. La primera es que los nombres chinos suelen estar compuestos por una sílaba, más el apellido, el hermano de mi pareja se llama Bu i su apellido es Lu, entonces la gente le llama Lu Bu. Por esta regla de tres, mi nombre al tener dos sílabas mucha gente (sobre todo la gente mayor o los padres de mi pareja) les cuesta pronunciarlo ya que es Júlia Villalobos, evidentemente demasiado largo, así que sin preguntar llegan a la conclusión que soy de la familia Ju y que ni nombre es Lia. Mi suegra desistió con mi nombre y me llama o liiiii o Lia, aunque Lia a veces resulte un poco demasiado largo, porque también son dos sílabas. Papá, tu apellido es impensable en China, lo siento ;)

El otro motivo son todos los nombres con los que se designa a los familiares. Lu Ping tiene un hermano pequeño (Lu Bu) al que llama didi 弟弟 (que en chino es hermano pequeño) y él es el gege 哥哥 (hermano mayor). Yo soy Lia para mi suegra, pero el hermano de mi pareja también es mi didi 弟弟 (hermano pequeño) y yo soy su jiejie 姐姐 (hermana mayor). La pareja del hermano de mi pareja que se llama Xiaoming es nuestra meimei 妹妹 (hermana pequeña de mi pareja y yo). Todos los primos con los que Lu Ping haya compartido su infancia y además se sienta muy conectado son sus gege 哥哥 (hermanos mayores) o didi 弟弟 (si son primos más pequeños), lo mismo con las primas jiejie 姐姐 (si son más mayores que tu) o meimei 妹妹 (si son más pequeñas). Cosa buena, no tengo que aprenderme los nombres de cada uno, porque son muchos muchos… gege, didi, jiejie y meimei y tan felices.

Para sus padres soy la xifu 媳妇 , para los abuelos soy shun xi fu 顺媳妇. Y mi favorito es cuando los pequeños (los hijos de los primos me llaman). Si el hijo de la familia es varón yo soy: shenshen 深深 y si el familiar próximo es mujer soy: jiuma 舅妈Para mi ellos son: waisheng 外甥 y zhizi 之子 respectivamente.

A veces incluso me llaman la waiguo jiuma 外国舅妈…. Tía extranjera, así tal cual, porque no soy de su país…Cuando conoces a un niño pequeño siempre te van a presentar com aiiii (la i debe pronunciarse larga, como un iiiiii).

Pues eso, que a mí esto me encanta, me encanta ser la tía, me encanta ser la hermana de tanta gente, pero sobretodo me encanta porque una deja  que su nombre descanse un poco y pasa a formar parte de este mundo chino tan alucinante.

  1. ¿Coche en china? No, gracias.

He vivido en distintos países, he conducido en distintos países, pero nunca había sufrido tanto en la carretera como sufro en China. China es una carrera de coches frenética. Recuerdo mi primera “carrera”, íbamos de Ningbo hacia Shuidou con el marido de la prima mayor de Lu Ping. El coche, un bmw (nunca he visto un bmw tan alucinante como ese en Barcelona). Nadie sin abrocharse el cinturón de seguridad y yo con un jet lag que me moría. Entramos en la autopista y allí empieza la carrera, una carrera de locos. En una autopsita de tres carriles se pueden incluso crear hasta 5 carriles y sin dejar de pisar el acelerador o usar el claxon. En China, a causa del comunismo y la revolución cultural no ha habido tiempo de enseñar o “culturizar” a los chinos sobre el tema de la conducción o la seguridad vial, eso más el hecho de que nunca he visto tantos ferraris, porsches, jaguars bmw y mercedes juntos, hacen que conducir en China, o estar en sus carreteras sea muy, muy peligroso. Los coches conducen muy rápido, mucho y no respetan las señales, ni los cedas al paso, ni los intermitentes (de hecho usan poquísimo los intermitentes). En las autopistas no hay carriles para ir más rápido o más lento, es un sálvese quien pueda (a 140 km por hora o más). Se circula por la derecha y la izquierda y se rebasa por la derecha y la izquierda según el espacio que creen los otros coches, si hay un agujero, allí que me meto. Hay taxis por todas partes (y además son súper baratos) pero ninguno de ellos dispone de cinturón de seguridad, o están escondidos detrás del asiento o el anclaje simplemente no existe.  La noche es el momento más peligroso por tres razones; las calles y autopistas están muy mal iluminadas, nadie baja la velocidad y todos van con las luces largas. Sí, ¡las luces largas! Todos los conductores se van dando luces largas para regañarse porque no ven, pero nadie, nadie las saca. Conducir de noche en China me asombra, me deslumbra, me aterroriza.

El aspecto más difícil para mí, es el uso constante que hacen del claxon, a todas horas, por cualquier motivo. Me he dado cuenta que los conductores no se fían los unos de los otros, porque cualquiera hace lo que quiere a gran velocidad, es por eso que usan el claxon tan a menudo, para avisar que están allí, que van a girar, que no te muevas, que ahora voy yo.

Mi humilde consejo es que no dejes de viajar por China por miedo a las carreteras, pero que el tren y el bus (que son antiguos y sucios y preciosos y mucho más lentos) también te van a llevar a sitios formidables. Vas a ir más tranquila y sobre todo más feliz, saboreando cada kilómetro.

  1. Comer, comer, comer. Ni e ma?

A los chinos les encanta comer. ¡La comida china es tan buena! Seguro que son frases que habéis oído alguna vez, yo también lo había hecho, pero nunca, nunca imaginé hasta qué grado. ¡Los chinos comen a todas horas! Y es verdad, comen, comen y vuelven a comer. El día en china empieza temprano, normalmente a las 7 ya estamos desayunando, pero ¡qué desayunos!! Sopa de fideos con hígado y verduras, arroz con algas y setas, fideos de arroz con un trozo de carne y tortilla. En China desayunan fuerte, muy fuerte. La comida del mediodía suele ser a las once y media o 12, y suelen comer más arroz o parecido a lo que desayunaron y cenan a las 5 o 6. Antes de irse a dormir van a comer más, a veces otra cena o barbacoa o Street food. Eso estaría normal si no es que durante cada una de las comidas van a estar picando que si fruta, que si frutos secos, que si tofu, que si patas de gallina. En las casas chinas hay comida por todas partes, dulces, tofu y mucha, mucha fruta y siempre te ofrecen de todo. Aún no conozco a ningún chino que no me haya ofrecido comida. También hay comida y oportunidad de comer en todas las calles de china, en todos los pueblos remotos (vendedores ambulantes) e incluso en las montañas, sea una montaña de 1000 metros o 2500. Su manera de saludarse es bastante distinta a la nuestra de Hola qué tal. Ellos se preguntan Ni chi le ma? 你吃了吗? ¿Comiste ya? Y sino, pues comen. La comida china es una pasada, es sabrosa, es interesante, dispar, colorida…y los chinos cuando comen son los seres más felices del mundo. Algo que me sorprende mucho es ir por la calle y ver mucha gente con trozos de carne en la boca, sea piel seca, o barbacoa o masticando un hueso. Incluso chicas, chicas muy arregladas o pijas o preciosas, es normal verlas con un trozo de pata de gallina en la boca. A los chinos les encanta compartir la comida, siempre van a ofrecerte la mejor parte y te la van a servir con sus propios palillos, es muy normal ver como unos a otros se pasan trozos de verduras o carne de plato en plato, da igual que los palillos sean sus “tenedores” y es una gozada cuando terminas haciéndolo tú y sirves a tu colega de enfrente un trozo de filete y te agradece con una gran sonrisa y un simpático xiexie 谢谢.

Bueno, eso, vayan a China y coman. Coman lo que quieran, porque aquí, lo de no comer, como que no, solo vigilen con el glutamato.

  1. Karaoke time (KTV).

A los chinos les encanta cantar. Y es verdad. En mi adolescencia solía salir de discotecas, emborracharme y bailar mucho. Cuando mi pareja me contó que nunca fue a una discoteca hasta que vino a vivir a España (25 años) y que para divertirse salían a cenar y después a cantar. Cantar. Karaoke, o como ellos les llaman KTV. Una situación bastante común es proponerme ir al Karaoke a cantar, puede ser un sábado por la noche, un viernes o un día de cada día por la tarde, las 5 de la tarde. ¿Cantar sin estar borracha? Es lo primero que me viene a la cabeza (cosa que me avergüenza) pero es que no, es que nunca lo he hecho, no estoy acostumbrada y además canto fatal. Aunque esto aquí no importa en absoluto, todo el mundo canta y todo el mundo se lo pasa genial haciéndolo canten bien o fatal (a veces se crean unos alaridos que son para morirse). Abuelos, padres, madres y jóvenes cantan, mientras los otros comen, beben o hablan. Los mayores suelen cantar temas de antaño, que les recuerdan su juventud, los más jóvenes escogerán algo muy, muy moderno. Y se implican, se implican mucho. Con eso me refiero a que el que tiene el micrófono en la mano tiene la oportunidad de “darlo todo”, de disfrutar, de cantar bien, de entregarse. Pero lo del karaoke es cosa seria, no lo hacen porque si, lo hacen como algo importante, algo bonito, ¿algo que les hace compartir? Aún estoy investigando, porque no lo sé… Llevo tres años intentando que Lu Ping me saque a la pista de baile, y bailemos como si no importara el mañana, como si diera igual que nos miren, que baile como canta cuando tiene el micrófono en la mano… De momento solo bailamos cuando estamos solos, en el comedor de casa…

  1. La inmensa suerte de tener unos suegros que no son ricos.

Continuamente los amigos de mi pareja nos cuentan los objetivos y obligaciones a las que sus padres les someten. La obligación y el deber con el padre chino empiezan desde muy pequeñitos, en la escuela la presión y la competición son la regla del día. En las escuelas chinas hay muchos alumnos (50 por clase) y la disciplina es tan estricta que los niños chinos recuerdan su infancia con harto hastío. Doce horas de ‘trabajo'; a las 7 empiezan  el cole y lo terminan a las 5 para después quedarse en la escuela dos horas más que son obligatorias para hacer deberes y después clases particulares o extra escolares…En la secundaria la situación es más de lo mismo y en la universidad se sigue con la presión de hablar un tercer idioma más un instrumento más, más, más… Los padres ricos después suelen enviar a los hijos a vivir a un país extranjero durante uno o dos años. Cuando ya han perfeccionado el idioma y ya tienen el máster deben encontrar (si no la tienen ya) una pareja para casarse y después tener hijos. Para antes de la boda los padres tienen que tener (o deberían tener) un coche en el caso de los padres de la chica y una casa de parte de los padres del chico que sirve como regalo de boda y como preparación para que el joven matrimonio empiece una vida juntos. Así, con coche, casa y trabajo estable el matrimonio está más que preparado para empezar a tener hijos. Los padres van a presionarles mucho para que tengan los hijos temprano y muchas veces por causa de que la pareja trabaja muchas horas en sus respectivos trabajos son los suegros que se hacen cargo de los niños, viven con ellos, les cuidan, llevan al cole e incluso se responsabilizan de su educación. Pero bueno, como los hijos ya han hecho el tic a la responsabilidad, y los suegros ya están “ocupados” con los bebés- niños, dejan de molestar por un tiempo a los jóvenes. Los jóvenes ahora tienen que lidiar con otra presión, la del trabajo, horas y horas en la empresa y pocas horas (demasiadas pocas horas para mí gusto) sin ver a su pequeño/a.

Mi pareja me contó que cuanto más dinero y más poder tienen los padres chinos con más derecho se creen de poder decidir sobre la vida de sus hijos y con más frecuencia interfieren en ella. Ninguno de los padres de Lu Ping trabaja y tampoco tienen la capacidad de regalarnos un coche o una casa, esto a mí me hace feliz, porque aunque forme parte de una familia china me siento muy libre y creo que no hay placer más grande que sentir que puedes elegir eso que te gusta a ti mismo y eso que no. Qué aburrido que sean otras personas las que deciden por ti, ¿no?

En todo este proceso es muy importante que la pareja del hijo no sea extranjera. Una extranjera no habla chino y hay la posibilidad que no se quiera casar, que no quiera hijos y lo peor, que no quiera vivir en China. Los padres e hijos chinos se cuidan de una forma distinta, se ven mucho, se llaman mucho y se intentan cuidar mucho. A Lu Ping le costó enormemente convencer a sus padres de que tener una novia extranjera “no era tan malo”. De momento la cosa va bien, estamos viviendo en China, mi nivel de chino va mejorando y creo que mis suegros son adorables.

  1. ¿Y cuándo os vais a casar? ¿Y cuántos bebés queréis? ¿ Y cuándo los queréis?

El 90 % de los amigos de mi pareja están casados y el 70 % tiene hijos. ¿Y los míos? Yo solo tengo una amiga que tiene hijos y está casada con un chino. La primera vez que pisé China y empecé a conocer amigos y familiares me sentí muy vieja, tenía 26 años. ¿No estáis casados aún? ¿Queréis casaros? ¿Cuántos hijos queréis? ¿Para cuándo?

Son preguntas que no me había hecho, éramos felices y con eso ya bastaba. Si me casaba con Lu Ping, sería por los papeles, para facilitar las cosas, pero nada dentro de mí me pedía o deseaba tener un bodorrio o formalizar nuestro compromiso. Todos los amigos se sorprendían cuando les decíamos que no sabíamos y nos recomendaban que nos diéramos prisa. Una mujer que tiene hijos a los 24 años, su cuerpo no se ve tan afectado y puede tener el segundo sin estar muy cansada, si esperas mucho vas a estar demasiado vieja y débil. ¿Yo? ¿Hijos? Es que de momento no lo deseo, gracias.

Tuvimos suerte, mucha suerte, porque el didi 弟弟de Lu Ping “sucumbió”, de hecho sus suegros le obligaron. Si quieres seguir con nuestra hija, ¡cásate! Sino, olvídate. Se casaron hace dos semanas, se gastaron un dinero que no tenían y toda la presión con el gege 哥哥, se calmó. Lu Ping y yo felices. Lu Bu y Xiaomin piensan tener su primer hijo en dos años, quizás. Yo ya empecé a poder decir en voz alta que no tenemos deseo de casarnos de momento (no lo necesitamos) y los hijos, pues, es que de momento somos felices así…

Gracias didi 弟弟, gracias meimei 妹妹J

7. Laowai

Cuando estoy en China dejo de ser una chica normal para convertirme en alguien especial, muy especial. Soy una laowai. ¿Una estrella? A veces, sí. Desde que llegué he recibido todo tipo de halagos, desde los más pequeños como, ni bizi hen gao 你鼻子很高, (tu nariz es muy alta) shou hen piaoliang 手很漂亮, qué lindas manos. Pero sobre todo piaoliang 漂亮, piaoliang 漂亮, piaoliang漂亮 guapa, guapa, guapa. Lo he recibido de niñas, de amigos, de abuelas por la calle. Cuando la familia china ve que hay una persona no china, lo que quiere decir cara europea en mi caso, la madre se acerca al hijo o hija y te señala mientras le dice. Ni kan, ni kan, waiguoren 你看,你看外国人 (mira, mira un extranjero). Y el niño o niña te mira y te sonríe y suelen decir hello, o hallo, how are you? Normalmente cuando es un grupo de niños se van corriendo y se ríen entre ellos. Me han pedido que me saque fotos con ellos y he tenido más privilegios. Al ser una laowai 老外o waiguoren 外国人, a veces tengo derecho de obtener lo mejor (el sitio más bonito, el mejor trato, mejores regalos…) Y esto pasa en el ambiente familiar, pero sobre todo fuera, con los amigos de mi pareja, o con desconocidos, sobre todo con ellos, los desconocidos.

Cuando voy sola por Shanghái 上海, todo es más discreto, a veces incluso me convierto en una más, una laowai que vive en la gran metrópoli, pero en los pueblos es imposible pasar desapercibida, y cuando he tenido la graaan necesidad de escapar, de estar un rato a solas, de andar por sitios verdes, siempre, siempre, con gafas de sol, para así poder estar tranquila, sin recibir tantas miradas o niños corriendo detrás tuyo chillando waiguoren waiguoren.

El momento en el que esto se manifiesta con más ímpetu es cuando estoy con Lu Ping, o andando por la calle o tomados de las manos (que es como casi siempre andamos). Allí dejo de ser una laowai normal, en ese momento me convierto en alguien más cercano, alguien que ha elegido estar de pareja con un chino, y para ellos, esto es muy, muy raro. Lu Ping ha recibido elogios tipo, qué suerte, solo tu podías “conseguir” estar con una foreigner. Qué crack, well done! Nadie me ha dado las gracias directamente, pero indirectamente sí, me dicen gracias por elegir uno de nosotros. A las chicas del oeste no les gustan los chinos.

Y yo me muero de la risa porque me encantaría decirles que me siento tan afortunada, no de estar con un chino, ya que cuando miro a mi pareja no veo a un chino, bueno, claro que es chino y tiene todos sus rasgos, pero le veo a él. Me gustaría decirles que non tengan tantos prejuicios por este tema, que cuando el amor llega, llega, ya sean las personas blancas, negras, verdes o lilas.

8.  Cuando estoy en China me convierto en princesa.

Al tener dos hermanos varones y mi padre ser profesor (lo que implicaba mucho tiempo libre por las tardes y veranos) crecí básicamente entre hombres y nunca fui princesa, sino más, como se llama en inglés, Tom boy. Mi padre nos trataba a los tres por iguales y aprendí a cortar leña, regar árboles y plantarlos. Luchaba a guerreros con mis hermanos y jugábamos a guerras de arena. Sus responsabilidades eran también las mías y nunca me libré “de nada” por ser chica. ¿Cuál fue mi sorpresa cuando a los 26 años visité por primera vez China y conocí a la familia y amigos de Lu Ping? Me convertí en princesa, literalmente. Cuando estoy en China, mis obligaciones y mi libertad se convierten en casi nada, cada vez que intento carretear algo o hacer un trabajito un poco forzoso me piden que me siente y me relaje “que descanse”. Wo bu lei 我不累, les digo. No estoy cansada, pero se ríen e insisten en que descanse, que no haga nada.

Me abren las puertas, me preguntan mucho, mucho que cómo estoy y sobre todo no me dejan pagar nada. He intentado pagar tantas veces por la comida o por el taxi o por las entradas del cine que casi siempre se convierte en una lucha, a veces, desisto…

A la niña Tom boy le cuesta ser princesa de repente y sobre todo cuando los amigos o los familiares se sorprenden que quiera ir a dar una vuelta sola, o comprar al mercado, o tomar el metro para conocer la ciudad. Cuando consigo convencerles de que si, que me voy, me dan mil indicaciones de cómo volver a casa, que vuelva temprano, me pasan su número, y que sobre todo, no me pierda. ¡Si supieran lo que me gusta a mí perderme!

  1. La felicidad de hablar en chino.

Felicidad por todas partes, por la tuya y por la suya. Es una pasada cuando conoces a un chino que no habla inglés (o muy poco) y puedes utilizar y practicar lo que sabes de chino. ¡Felicidad! Les entiendes y lo mejor de todo, te las manejas para hacer sonar bien los tonos y terminan por entenderte a ti.  Felicidad, porque te comunicas en un idioma que no es el tuyo y un idioma al que le tienes un cariño infinito.

Pero lo más importante es su respuesta, a los chinos les encanta y sorprende oír a “laowais” hablando su idioma, aunque sea un ni hao 你好 (hola) o zaijian 再见 (hasta luego) o mamanchi 吗慢吃 (come despacio que se utiliza para decir buen provecho). Cada vez que algo en chino sale de tu boca te responden con una sonrisa o con un zhongwen shuode hen hao 中文说的很好 (hablas muy bien el chino) pese a que eso sea la mentira más grande del mundo. Ellos lo dicen de corazón, de verdad piensan que lo hablas muy bien y esto solo te anima a hablarlo más y más.

Lo más bonito es que para ellos, tú estás amando su cultura, estás haciendo un esfuerzo para aprender un idioma que no es tan fácil, te acercas a ellos, a su historia y a sus raíces. Al hablar chino la gran muralla cultural que nos separa se hace un poco más pequeña. Y eso para mí, es felicidad.

10. Los chinos dan, ofrecen y regalan.

Ya entendí porque los chinos se agrupan y se sienten más cómodos con otros chinos. Es su manera de relacionarse, de compartir, de dar y de recibir. Es la “manera china”, como le llamo yo. Cuando conocí a Lu Ping me sorprendió su capacidad de “dar”, de ofrecer y de crear en conjunto. Yo crecí pensando en mí y a ratos en otras personas, hice voluntariados y amé mucho a mis amigas, pero la idea y el concepto chino de comunidad es distinto y yo no lo entendí hasta que formé parte de él. A veces se critica al chino por estar siempre enganchado al teléfono móvil (y es verdad que lo usan muchísimo), pero también es verdad que tienen una gran habilidad para relacionarse, para que lo propio sea común, para que te sientas en casa y cómoda en sitios ajenos. En China me siento arropada (es un tipo de arropamiento muy distinto) pero siento que la idea de comunidad es profunda y real. Cuando hay comida (aunque haya poca) se va a repartir, si alguien necesita ayuda (carretear alguna cosa pesada, necesidad de información) las personas de los alrededores van a ofrecer su ayuda. La gente se ofrece a cambiar asientos para que las parejas se puedan sentar juntas (incluso si el asiento es el de la ventana). Para mí se crea magia. Son pequeñas cosas, casi invisibles, pero allí están. Para mi China es esto, es como un cuadro de la dinastía Song; si miras el cuadro en general es bonito pero caótico, muchas cosas, mucha gente, demasiado movimiento. Pero la magia real de China es cuando descubres los detalles, cuando observas las esquinas del cuadro y te fijas en los trazos del pincel. China es un cuadro que se debe observar a poco a poco y poniendo mucho énfasis en las pequeñas cosas y momentos. Ese señor que bebé té, la mujer que prepara baozis 包子, el taxista que chilla y hace sonar el claxon, el niño que llora mientras come una pata de gallina. El río sucio con peces naranjas, el rascacielos que rasca la barriga del cielo y las piezas de cerámica con te. Cada una de esas cosas hacen de China uno de los sitios más preciosos del mundo.

 

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