Antes de llegar por primera vez a China (Invierno del 2015) había leído a Jung Chang Three wild swans, Adeline Yen Mah Chinese Cinderella, The secret Stories of an unwanted daughter y Falling leaves. Había visto cantidad de películas de Wong Kar-Wai As Tears go by, In the mood for love, 2046, Happy together, Chunking Express ( sé, que Wong Kar-Wai es de Hong Kong y yo iba hacia Mainland, pero mi imaginación seguía agarrada a la estética de estas películas). Mi idea de lo que era China (incrédula) seguía siendo el Zhongguo de Confucio, la China de Lao Tse y la China que se narra en la serie de televisión San Guo ( Three kingdoms). Incrédula y soñadora, la China en mi imaginario y en mi cabeza era una China poética y literaria, con grandes jardines llenos de fuentes y agua. En “mi” China la contemplación de la vida y la filosofía que se explica en El arte de la guerra (孙子兵法 ) de Sun Tzu eran la manera en la que se movían y avanzaban los días, en mi idealizada China se comían baozis dulces y blancos de una forma delicada y precisa y las personas se masajeaban los pies para activar el corazón y calmar el shang guo fuego interior上火, y el Feng Shui se seguía escrupulosamente y no cabía que fuera solo una moda antigua. La China con la que soñaba era bonita y delicada, como un trozo de porcelana, como un trozo de pergamino antiguo pintado con tinta negra y suave.

Pero no, China no es esto y aunque quizá lo fue en el pasado, cuando uno pone los pies en este dragón asiático, a uno China le golpea fuerte en la cara, le escupe. China te despierta, te pone a prueba con dos o tres bofetadas. Abre los ojos y la boca que China se mueve rápido y tú no tienes más alternativa que moverte con ella. A veces te das cuenta que Confucio sigue aquí, de una manera u otra, está aquí, presente, pero a mí me da la sensación que mira para otra parte y se tapa los ojos con las dos manos.

El tráfico, los pitidos, la posibilidad de morir en cada esquina

Juro por (lo que sea) que esto es lo que más “me mata” de China. Las personas que conducen. Tengo la impresión que alguien detrás de un volante se vuelve un asesino. Lo pasos de zebra son rallas blancas pintadas en el suelo, inertes, olvidadas y ninguneadas que no tienen importancia alguna. No intentes cruzarlo sin asegurarte 100 % que no viene ningún coche, bus, moto o bicicleta. Todo parece un juego. Un videojuego. ¿El objetivo? Intentar que el coche que conduces nunca disminuya de velocidad, los transeúntes representan blancos a los que no debes tocar, pero que por ninguna razón deben aminorar (y aún menos) hacer frenar tu marcha. Los semáforos en verde no tienen valor de ser, existen, pero no existen. Los conductores dejan de ser personas y se convierten en Tigres salvajes que ruedan y corren por la ciudad, su misión, no sé, ¿llegar a algún sitio? ¿Sentirse el rey del motor? ¿Perforar tu tímpano con su claxon?
Mira a mano derecha, mano izquierda y mira, mira y mira diez veces antes de cruzar.

Los chinos y su amazing tono de voz.

China es un país de ruido. Y muchas factores distintos producen el ruido. A veces son los altavoces de las tiendas que anuncian productos con música y con un volumen impresionante, cuando caminas por delante de dichas tiendas debes taparte los oídos y acelerar tu paso, cosa que me parece interesante porque no te apetece (para nada) entrar en ella ni menos aún acercarte. A veces son los ruidos de los claxon de los vehículos. Los conductores parecen tener una relación amorosa y muy estrecha con el claxon de los vehículos que conducen. En ocasiones no hay nadie delante suyo, pero ellos lo pitan igual, como un juego, como si el claxon mereciera ser acariciado. Pero sobre todo, cuando uno llega a China, lo que le sacude fuerte es el ruido de la vida y de las personas. Algo interesante es el tono de voz de las personas. Yo soy de país de Mediterráneo y la gente allí chilla, lo sé. Pero son normalmente los jóvenes, o gente que está medio de fiesta, medio eufórico. Creo. Mi país es de hablar alto, China es de chillar. Los chinos pueden llegar a chilar mucho, en las calles, en las tiendas, donde sea. Normalmente son personas mayores ( y muchas veces mujeres) las que tienen el poder de la voz (que perfora tus tímpanos). China es ruido, China, a veces, suena como una música dura, fuerte y desafinada.

Los golpes. (Que te empujen y que nadie, nadie, nadie se percate de ello).

Recuerdo que antes de llegar a China vi un vídeo online donde los vigilantes de la estación de metro se encargaban de empujar y “meter” a personas dentro de el tren. Me sorprendió, los embutían como si fueran sardinas y cuando el último brazo, pie y aliento ya estaba dentro del vagón, se cerraban las puertas y el tren seguía su marcha. Ahora vivo en este país. Y si. Esto es real. Horas puntas en el metro, en la calle, en la vida de una ciudad china como Shanghai representa que miles de personas se muevan al unísono cual marea, cual ola. Y tú estás allí, en medio de mucho pelo negro (y muchas caras enganchadas a la pantalla del teléfono).
Viví en Londres durante un tiempo, y me molestaba la cordialidad (que nunca sentí real) del sorry, sorry, I am sorry cada vez que un dedo meñique rozaba otro dedo meñique. China es lo opuesto, Yin y yang de la situación. Me han empujado, me han golpeado, casi me he caído al suelo. He chocado con hombres, mujeres y jóvenes y seguido de mi duibuqi (perdone), ha pasado nada. Nadie ha dicho nada. Nadie me ha dicho nada. En China la gente no se percata de los golpes, puedes chocarte muy fuerte con alguien en el metro, pero sea culpa mía o del otro, nadie dice nada. Cada uno sigue con su camino, con sus andares. Las primeras veces me quedé esperando, en vano, una respuesta, una mirada, un lo siento, ¿estás bien? Y nunca llegó. Y me sorprendí, pero yo también seguí mi camino y pronto la persona que me acababa de sacudir desaparecía entre la multitud. ¿Qué hacer? ¿Cómo tomárselo ? Yo entendí que la vida aquí es diferente, que después de tantos golpes uno se vuelve inmune, que aquí, en medio de tanta gente y tantos ojos uno puede sentirse solo, o no. Que me gustaría recibir un ¿estás bien?, pero que si no, también estoy bien. Que la espalda se vuelve dura después de mucho tiempo recibiendo golpes y que allí debajo, en el metro, o por la calle, China parece como un gran abrazo entre muchas personas, mayores, niños, jóvenes, todos y cada uno compartiendo el hecho de ir hacia algún lado. Su VIDA.

Hello. ¿Es este tu espacio?, ¿Estás cómodo? Voy a invadirlo o con mi serie a todo volumen, con mi amor por comer pipas y escupir las cáscaras en el suelo o con mi obsesión por cortarme las uñas a tu lado.

La primera vez que estuve en China descubrí que mi espacio vital quedaba totalmente invadido (tanto por la familia de mi pareja, como por gente que no conocía). Me sentía invadida por tener poco poder de decisión ( la familia decidía mucho por mi, puedes leer mi post sobre “princesas”). Lo que más me sorprendió es que la gente “comparte” mucho, nadie parece quejarse si alguien pone la música a tope de su teléfono o serie de televisión mientras viajas en tren, o si chillan mucho o si se cortan las uñas a tu lado y te salpican con trozos de cutícula. Parece que aquí todo vale. Y es en ese preciso instante que te das cuenta que si, que no puedes ir pidiendo que bajen el volumen, que pongan en modo off el juego de matar zombies y que si te salpica una cáscara de pipa (de la boca de una persona que no conoces) te la sacas de encima de tu pierna. Así es vivir en un nuevo país, no se puede ir luchando y defendiendo el bien del mal. Tú eres tú, sola, metida en un tumulto de años y experiencias y costumbres y hay solo tres opciones. -Quejarse mucho y criticar mucho, lo que hace que el mal humor te corroa y cada vez te sientas más incomoda en este país que no es tuyo y que además te gusta.- Irte. – O quedarte y respirar profundo y poner tu música, limpiarte la pierna de restos de pipa y si te gustan las pipas, comprarte un paquete y saborear su gusto salado y textura crujiente, con la libertad de poder escupirla donde te apetezca. Los paisajes des de el tren de China, son fabulosos.

En la mesa todo vale.

La comida china es algo hit. No se deben tener ni perjuicios ni (a groso modo) modales. En la mesa todo vale, pero cuando eres europea…a veces cuesta. Después de pedir la comida, un restaurante chino tarda en servirla entre 5 o 10 minutos (son súper fast) y cuando los platos están servidos, los comensales se abalanzan a sus platos y palillos y empiezan a devorar. Es una forma de vivir la comida, con pasión, emoción y ganas de comer. La primera vez su ímpetu te sobresalta, te tira para atrás, ¿de verdad coméis así? ¿Pero, respiráis? Sí, respiran y Sí, a medida que comes con más chinos te das cuenta que es una forma interesante de acercarte a la comida, pasión. Los chinos hablan rápido y comen rápido. Cuando están en la mesa se van pasando comida de un plato a otro (aunque sea con los propios palillos) y beben y campei (lo acabo de convertir en un verbo) muy frecuentemente. Los chinos hablan con la boca llena y hacen mucho ruido mientras mastican (txap, txap) puedes ver lo que hay en su boca constantemente. Mientras van comiendo muchos se tiran eructos y más y más comer. Su estilo. Cuando terminan, van a tomar un palillo y se lo van a poner en la boca para sacar de sus dientes los trozos de carne que se hayan quedado enganchados.

El peculiar caso de racismo en China

¿Son los chinos racistas?, ¿hay racismo en China? Sí y No. No y Sí. Y ambigüedad. Los chinos me han sacado fotos (pidiéndome permiso y sin pedir permiso). Pero he leído testimonios y me han explicado cosas que han pasado. Los chinos tienen curiosidad por todo aquello que es diferente. Yo soy morena y mis ojos son de color marrón y de una forma u otra me siento bastante conectada al físico chino. ¿Pero y los otros? Los altos, los rubios y los negros. Si tenemos en cuenta los cánones de belleza en China en cuanto más blanco más precioso y mejor, ser negro te coloca en el lado opuesto. ¿Ser negro en China es fácil? Por lo que tengo entendido, ser negro en China es interesante. Te sacan fotos, te preguntan si eres Obama, si te gusta el hip-hop y si conoces a Kobe Briant. Estás en el mundo de los laowais, eres uno de ellos, pero al mismo momento eres negro. Un color, que según China, es “demasiado oscuro”, demasiado “poco blanco”. Y aunque sigo informándome y voy a hacer un post hablando sólo de este tema, quiero compartir mi experiencia en la que se me quiso un poco más blanca. Lu Ping y yo somos morenos. Y nos gusta, tanto como nos gusta el sol y estar en la playa. Pero su familia no parece opinar lo mismo; Cada año por Navidad nos sacamos una foto de familia en un estudio fotográfico (los chinos de más de 40 años no sonríen en las fotos). Suelen poner un fondo de playa o de lago y césped o un edificio chino tradicional. Siempre es una experiencia “peculiar”. Así lo dejo. Cuando me enseñaron la de este año (ya enmarcada) me percaté de que mi cara estaba diferente “rara” y lo “raro” se debía al color de mi piel que era realmente pálido (como el papel de escribir). Lu Ping me contó que me habían aplicado Photoshop en todo el rostro para estar “más” guapa, y a mí me costaba reconocerme.
Por otro lado la mamá de Lu Ping a veces sigue riñéndole cuando pasa demasiadas horas bajo el sol de verano (nos bañamos en lagos y hacemos caminatas por montañas) y le dice que está demasiado negro, que mejor se quede en casa. Mírate que oscuro estás, hijo! le dice.

To breath, or not to breath. Esta es la cuestión…

Empezó después del fin de la revolución cultural y la muerte de Mao. En 1980 China tuvo un crecimiento económico bestial y se construyeron muchas fábricas e industria que emitían y enviaban (sin control ninguno) sustancias como el dióxido de carbono, el monóxido de carbono, los hidrocarburos, los óxidos de nitrógeno, los óxidos de azufre y el ozono al aire. Bienvenida polución. El cielo en China está contaminado; cada año mueren a causa de la polución cientos de miles de personas, 500 millones de personas en China no tiene acceso a agua potable, solo un 1% de 560 millones respira “aire limpio” según los estándares de la Unión Europea. En todos los móviles chinos hay apps para saber qué grado de contaminación hay cada día. Te muestra Beijing, Shanghai…y otras ciudades. Pero sin app o con app, se nota. Hay mañanas en las que miras el cielo y respiras profundo y sabes, si no corre el aire, si no se ve el cielo, si hay niebla e inhalas y te pica un poco la garganta. Sabes. Sabes que ese día mejor quedarse en casa, no hacer deporte. Ponerse la mascarilla.
Muchas casas han instalado “limpiadores de aire” que son máquinas que limpian el aire de donde vives. El nivel de condición del aire (PM 2.5) de Barcelona es menos de 30, mientras que en Shanghai es más de 100 (la nariz no puede filtrar las sustancias tóxicas y necesitas mascarilla)…. Y los días de polución suelen ser de 200 y más. Este invierno en Beijing el grado de polución llegó a los 500.
Es una sensación extraña. Como si la tierra fuera imperfecta, ¿lo es? Claro que no, la tierra es preciosa. Pero la tierra, a veces, aquí, parece que esté enferma.

Su arte por comer cualquier cosa

Mi lista de cosas raras que comen los chinos:
– Patas de pollo (con piel, uñas y hueso). La idea es chupetearlo y masticarlo e ir escupiendo los trozos de uña, piel y hueso que no puedes engullir. Las patas tienen sabor según la salsa que le han añadido y proceso a la que las han sometido (picante, agrio, salado, cinco especies…)
– Sopa de sangre, hígado y espinacas (la favorita de mi pareja) Es una sopa pastosa con trozos verdes (espinacas) y coágulos de sangre negra e hígado. Mi pareja se la come y me sonríe diciendo, pero ¿no ves cuánto hierro me aporta esto? Toma, bebe un poquito…
– Estomago cocido y seco de vaca. El objetivo es mojar el trozo de estómago (color marrón oscuro o claro) en salsa de soja con vinagre, y ¡ala! Para dentro.
– Chou tofu. En China hay un dicho que dice que hay dos tipos de personas en el mundo, a las que les encanta el chou tofu y las que lo odian (yao ma hen ai, yao ma hen tao yan). A mí, aunque antes lo detestaba, ahora ya me encanta, chou tofu significa tofu podrido y eso es lo que es. Cuando el tofu está podrido lo fríen y le ponen hierbitas y agua y picante. Huele a caballo, y al principio no podía ni acercarme a él, pero cuando le coges el gustillo, termina gustándote. (to be continued) atrévete te-te-te…

El precio (súper precio) de la ropa.

¡A todos aquellos que decidan vivir en China por un tiempo! ¡Aviso importante! Recuérdenlo bien y ténganlo en cuenta: ¡No hagan como yo! Les cuento; decidí llevarme poca ropa y crear y abastecer mi armario en China. Le dije a mi pareja, vamos a ir “light” a empezar nuestra aventura con una sola maleta, vamos a ser“minimal” para sentir el contacto entre la nueva tierra y nosotros. Bueno, eso fue una mala decisión, error absoluto! Primero, el cuerpo Mediterráneo y asiático son distintos y lo mismo pasa con el tallaje de la ropa. Curvas vs líneas rectas y más delgadas. Aquí lo dejo. Pero lo más importante, en China la ropa es cara, horriblemente cara. Siempre pensé que como la ropa se hace en China (made in China ) y no hay coste de transporte, comprar ropa en China sería barato y un auténtico gozo. No, pues no. China es uno de los países más caros para comprar ropa, de hecho los chinos siempre se vuelven “locos” comprando en el extranjero, que ¿porqué? que nunca has visto un grupo de chinos con más de 10 bolsas en cada mano? Ahora sabes porqué (y yo haría lo mismo). Zara, Mango y H&M son el doble de caros, aquí. Este verano tendré que re-reutilizar la ropa que me traje de Barcelona.

Concrete jungle.

Cuando viajo en tren y dejó atrás ciudad, tras ciudad, me doy cuenta que todas son iguales. Junglas de cemento que se elevan en medio de un lugar paradisiaco, Ningbo, Wenzhou, Hangzhou observadas en la distancia parecen la misma ciudad. Ciudades, calles y edificios de casas y empresas que se han elevado hacia el cielo en semanas o en días e incluso en horas (hay un récord en que se construye uno de estos edificios en 72 horas). Me imagino a un bebé enorme que juega con Lego y crea torres de hormigón altas y grises y feas. Pero esto no es un juego, en estas junglas de cemento viven personas y se destruyen grandes kilómetros de verde para crear ciudades tristes y rígidas y repetidas, que para mí, no tienen alma. Y el que construye no es un bebé, si no personas con mucho dinero y con mucha experiencia en construir rasca cielos. Miles de personas han sido trasladadas de sus casas de campo o sus casas de ciudad auténticas y reales hacia estos monstruos de cemento.
Los abuelos de Lu Ping viven en un casa de madera sin electricidad y con horno de piedra al lado de un establo lleno de gallinas y con un altar para poder rezar a los dioses y encender velas e incienso y dejar comida para que los antepasados coman mucho y estén sanos en la vida del más allá. Su casa tiene feng shui (viento-agua). Lu Ping nació en la cama de madera de esta casa de madera que está junto al río en medio de la montaña. Para visitarlos tenemos que cruzar un río sin puente y para eso hay unas balsas echas de bambú y un remero experto que balancea la góndola cual veneciano. No sabemos cuándo, pero el gobierno ya les ha dicho que pronto van a empezar con la reconstrucción de la zona (hotel y restaurantes) y que van a tener que irse a vivir a otro sitio, en la ciudad donde no hay río, ni montañas ni altar para rezar a los dioses. Eh, pero oye ( han prometido los gordos constructores de concrete jungle a los abuelos de Lu Ping ) vais a tener tele y ascensor y vais a vivir en uno de estos edificios de la city, y esos sitios son tan originales y tan cómodos y tan modernos. Restaurantes por todas partes, metro que te lleva donde quieras y cines y más y más cemento. Y por tener demasiado, no tienen ni montañas, ni aire limpio, ni feng shui ni los vecinos de toda la vida.
Te percatas que quizá “todo tiene sentido” y que estás en el lugar adecuado, en el sitio que amas y en el país donde tú corazón quiere estar, cuando la vida y los momentos y las situaciones que vives parecen siempre ser a menudo más positivas que negativas. Cuando tienes la sensación de que te explota un poco el pecho de amor al andar por las calles y que te sorprendes a ti mismo adorando más que odiando, disfrutando más que quejándote, viviendo más que pensando. Sorprendiéndote. Y pasan los días y mientras descubres nuevos rincones empiezas a comer fideos que antes no te atrevías a comer, empiezas a entender ese idioma extraño que antes desconocías, tus vecinos no dicen –Hola, buenos días, sino que te saludan con un ni hao 你好. Empiezas a conocer realmente una cultura que antes pensabas saber por haber leído algunos libros. ‘Las cosas que me matan de China’ existe sólo porque así me doy cuenta que estoy viviendo. VIVIENDO, como sinónimo de experimentar, sentir, explorar, estar, descubrir. Vivir en un país que te sorprende y que algunas “cosas te matan” pero otras te hacen sentir más vivo que nunca. Eso es la vida, creo, sentir que estás viviendo el momento que deseas, en el país que deseas. Sentir que tu corazón palpita por el camino que quiere palpitar. Que tu cuerpo sabe que está cumpliendo tu sueño.
Si estás teniendo esta sensación, felicidades, si no, mueve ficha, take action, algo mejor, algo que es realmente para ti, te está esperando. Y cuando descubres lo qué es, tómalo con las dos manos. Ha llegado y es para ti. Disfrútalo.

 

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Comments

  1. Maria Lindmäe

    Me encanta!!! Siento como si estuviera viajando contigo a la China! Y la foto, jajaja, buenísima :*

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